Reportajes 31/08/2016 | 23:16por chess24 staff

Paul Keres: Príncipe sin corona

En 2016, el mundo del ajedrez perdió a Víktor Korchnói, considerado por muchos como el jugador más fuerte que nunca consiguió ser campeón del mundo. Otro contendiente a ese título es Paul Keres (1916-1975), el gran ajedrecista estonio, que hubiera alcanzado los 100 años de edad el pasado 7 de enero. Para conmemorar su centenario, su compatriota Joosep Grents recuerda la vida y la carrera del "eterno campeón sin corona", desde la infancia de Keres hasta su explosión en la escena internacional durante la Olimpiada de 1935.

Una estampilla presentada en la Unión Soviética en 1991, para marcar el 75 aniversario del nacimiento de Paul Keres | foto: Wikipedia

Paul Keres I: Los primeros años (1916-36)

por Joosep Grents

Para conmemorar el Año de Paul Keres, tengo planeado publicar en los próximos meses una serie de artículos que den a conocer los eventos de su vida. Mucho se ha escrito sobre este ajedrecista que no tuvo la posibilidad de jugar un match por la corona contra Alexander Alekhine debido a la Segunda Guerra Mundial, y a quien Chessmetrics coloca en el segundo puesto del ránking mundial durante 52 meses distintos entre 1943 y 1960. El material disponible en español -o siquiera en inglés-, sin embargo, es limitado. La literatura más extensa -poniendo de lado las colecciones de partidas- se ha publicado en estonio, y principalmente por el biógrafo Valter Heuer. Mi motivación para escribir estos artículos, por lo tanto, no solo tiene que ver con el centenario de Keres, sino también busca expandir el alcance de esta literatura a personas que no hablen estonio.

Maravillado en la infancia

Debo comenzar la historia de Paul Keres con un actor poco ortodoxo: un zepelín alemán, el que bombardeó Pärnu y creó el pánico general que provocó que la familia de Keres huya hacia el este de su ciudad natal. Paul Keres, por tanto, nació en la ciudad de Narva -en ese entonces parte del decaído imperio ruso- en 1916, durante la Primera Guerra Mundial. De cualquier manera, a pesar de que intentaron escapar de la guerra y de las bombas, los zepelines y las explosiones no dejaron en paz a la familia. Los rusos se rindieron, pero el colapso del imperio pronto creó una guerra civil, que eventualmente se convirtió en la Guerra de la Independencia de Estonia. La familia Keres se encontró entonces en medio de aquello de lo que trataba de escapar. El hermano mayor de Paul, Herald, recuerda los frecuentes bombardeos:

Teníamos que ir al sótano de nuestro vecino para resguardarnos de las bombas, y sufrir mientras escuchábamos los estruendos de las peleas en la calle. Al final, tuvimos que escapar de la ciudad. (En 1919) llegamos a Tallin y nos hospedamos en un hotel... Inmediatamente nos dio fiebre escarlata... Los infortunios de nuestra niñez dejaron secuelas en la salud de nuestra edad adulta.

En medio de toda esta violencia, el ajedrez se convirtió en un escape de la horrible realidad del día a día. El padre de Paul, Peeter Keres, jugaba ajedrez como pasatiempo con visitas y amigos. Los primeros pasos de Paul en el ajedrez se dieron de forma similar a la de otros grandes campeones de la época.

Tenía 4 o 5 años cuando me rompí la mano mientras iba en trineo y tuve que dejar de lado las usuales alegrías invernales de la niñez. Mientras estaba forzado a quedarme dentro de casa, solía observar las partidas de mi padre contra sus visitas, y así es como me familiaricé con el juego.

Su padre coincidió, y añadió que Paul no siempre fue un observador respetuoso:

Durante la guerra nos mudamos a Narva. Durante nuestra estadía, solía jugar con uno de mis amigos estonios de América. Era un jugador bastante bueno. Paul, como siempre, estaba mirando e, inadvertidamente, cuando estaba a punto de realizar una jugada, agarró mi mano y exclamó: "¡Padre, no hagas esa jugada! ¡Mira, mueve ese caballo!" Supongo que tenía la razón, pero mi amigo se enfureció y me pidió a gritos que evite las intervenciones de Paul.

El hijo lo recordaba así:

Sucedió que el resultado de mi interferencia fue más bien sombrío. El invitado de mi padre estaba furioso por mi intervención y tiró todas las piezas del tablero. A mí me sacaron de la habitación por "conducta antideportiva".

Para aquellos que conocen las biografías de sus contemporáneos –Capablanca, Reshevsky, Reti y otros–, la historia de los primeros pasos de Keres en el ajedrez deben sonar familiares. Él, sin embargo, no mostró un particular interés en el juego desde el principio hasta que, como mencionamos antes, se rompió la mano en un trineo y fue forzado a quedarse dentro de casa por largos periodos de tiempo. Si añadimos a esto el invierno largo y oscuro del norte no sorprende que Keres se haya encontrado pasando largas horas jugando y estudiando ajedrez. Hasta el punto que se convirtió en una obsesión. Como lo describe Heuer:

Los niños no solo juegan, viven sus juegos, pero el júbilo que les nace en la mañana muere en la noche. Sin embargo, este no es el caso de Paul Keres: su primer acercamiento también fue el último, pues lo guió durante toda su niñez y luego toda su vida.

La educación ajedrecística de Paul estuvo marcada por la época en la que creció. Sus primeros oponentes fueron su padre y su hermano mayor Harald, con quien siempre tuvo un sentido de rivalidad fraterna. El padre de Paul apoyó este entusiasmo, pero su madre mostró una actitud cautelosa respecto al juego. Para comprender su escepticismo, debemos recordar que en esa época el ajedrez seguía siendo considerado por muchos como un juego de apuestas en los clubes, o como un pasatiempo de la élite, y no un deporte profesional. Esto se puede ilustrar con una cita muy trillada que muestra esta actitud:

Un entusiasmo pernicioso por aprender y jugar al ajedrez se ha diseminado por todo el país, y numerosos clubes para practicar este juego se han formado en ciudades y pueblos. ¿Por qué nos deberíamos preocupar?, podríamos preguntarnos. Respondemos: el ajedrez no es más que un tipo de entretenimiento para caracteres muy inferiores, que quita a la mente mucho tiempo que podría ser invertido en tareas más nobles, y que no proporciona ningún beneficio al cuerpo.

El ajedrez se ha ganado la reputación de ser una excelente forma de disciplinar la mente… [pero] las personas que se dedican a ocupaciones sedentarias nunca deberían practicar este juego parco; ellos necesitan ejercicios al aire libre, no esta suerte de lucha mental de gladiadores.

Un joven Paul Keres | foto: Wikipedia/edición de 1977 del libro "Meie Keres" de Heuer Valter

Aunque esta cita se extrajo de una publicación estadounidense del siglo 19, esta mentalidad persistió hasta el siguiente siglo en Europa, aunque en la época que nos concierne esto comenzó a cambiar. Cuando Paul llegó a un nivel en el que su padre y su hermano ya no eran competencia suficiente, su madre intervino y, en su afán de proteger al niño, prohibió el juego a toda la familia, e incluso quemó todas las piezas que tenían en casa. La madre de Paul también se enfrentó a otros vicios, como los cigarros y el alcohol, tratando de evitar que Harald y Paul caigan en ellos.

Sus restricciones fueron un pequeño obstáculo en el progreso potencial de Paul hasta convertirse en un ajedrecista serio. Harald Keres teorizó que "si un entrenador adecuado lo hubiera encontrado en su niñez, se hubiera convertido en un prodigio". Pero dejemos de lado lo que pudo ser...

No fue hasta que Paul volviera a Parna y comenzara a ir a la escuela primaria que recuperó su encanto por el ajedrez -esta vez de forma incurable-. Mientras estuvo en la escuela, gastó cada momento disponible jugando o estudiando ajedrez. Durante una de las clases, el maestro se dio cuenta de que, mientras todos los demás prestaban atención, Keres jugueteaba con su set de bolsillo. El maestro estaba claramente irritado, lo envió a pararse en el rincón y botó su set a la basura. La clase continuó, y después de un tiempo el maestro descubrió que Paul había rescatado su set del canasto y seguía jugando con él en el rincón.

Una pasión así de grande necesitaba combustible, pero tanto la cantidad de literatura de ajedrez disponible -o más bien la falta de esta- como el lugar en el que vivía amenazaban con extinguir la llama. Estas circunstancias provinciales desfavorables ya habían provocado que otros talentosos ajedrecistas abandonen sus sueños y elijan alternativas más prácticas, pero, aunque el ambiente juega un papel crucial, un espíritu creativo puede soportar y superar estas limitaciones. Como Keres escribió sobre él y su hermano:

Dado que era problemático aumentar nuestro limitado conocimiento del ajedrez, buscábamos compensar esta deficiencia con trabajo duro. Había poca literatura de ajedrez disponible, por lo que decidí copiar todas las partidas que pasaban por mis manos. De esta manera, acumulé una colección de unas mil partidas. Y, por supuesto, no escapaba nuestra atención ningún problema ni final publicados, pues no podíamos evitar participar en todas las competiciones posibles para poner a prueba nuestras habilidades para resolver problemas. De cualquier manera, nuestro principal método de entrenamiento seguía siendo jugar partidas entre nosotros.

Pärnu era una localidad provincial, por lo que llevar una vida asociada con el ajedrez resultaba muy difícil. Un ejemplo claro es la figura algo excéntrica de Markus Villemson -relevante no solo como ejemplo, sino también como amigo de Keres-, quien le abrió la puerta del mundo del ajedrez por correspondencia a Paul. Al llegar a los 25 años, Villemson comenzó a sentirse descontento con la edición de dos columnas de ajedrez que publicaba en distintos periódicos, por lo que tomó la valiente decisión de establecer su propio periódico. Pärnu, en su situación rural, no dio mucho apoyo a este emprendimiento. En un momento, tuvo que elegir entre tres opciones para publicar: imprimir en Alemania, imprimir en una moderna casa editorial en Tallinn o hacerlo todo él mismo. La última fue su elección, pues es la que le permitía minimizar los costos. Hasta llegó a comprarse una vieja casa editorial y se tomó la molestia de estudiar el arte de la impresión y todo lo que estaba relacionado con este. Todo el trabajo, desde la escritura hasta la impresión y distribución, era realizado por un hombre o, más bien, por su alter ego "Publicaciones de Ajedrez Martin Villemson". Después de un par de ediciones, alcanzó los 40 suscriptores. Villemson también era un establecido y apasionado jugador por correspondencia, que participó en el primer Torneo Internacional por Correspondencia 'Deutsche Schachzeitung', donde cruzó caminos con Keres.

Villemson creó una amistad con el joven Keres, quien solía ayudarle con el análisis de partidas por correspondencia. Pugal, el tercer elemento de este entusiasta triángulo de jugadores por correspondencia, escribió:

A Villemson le encantaban las 'jugadas dudosas', como las llamaba, y con frecuencia nos sorprendía con ellas. Todos estábamos muy felices cuando encontrábamos ese tipo de ideas fascinantes.

Villemson, Pugal y Keres formaban un grupo muy unido. En una ocasión Villemson estuvo forzado a quedarse en un hospital por un tiempo y suspender sus partidas por correspondencia. Pugal recuerda:

(Keres y yo) estábamos muy tristes, pero decidimos ser astutos al respecto y enviamos una carta a los editores en la que les dijimos que la mano de Villemson estaba herida y preguntamos si podía utilizar un sello en vez de una firma en sus cartas. Lo permitieron, por lo que durante cuatro meses jugamos con el nombre de Villemson. Yo di el dinero para las estampillas y Keres dio las ideas. Así es como ingresamos en el ajedrez por correspondencia.

La publicación de ajedrez de Villemson seguía vigente en 1933, y él soñaba con alcanzar los 100 suscriptores, lo que le daría la libertad financiera para mejorar su fuente de Gótica a Latina, pero esto no llegó a materializarse. Ese año, Villemson fue llevado a la tumba por la tuberculosis. Se rumorea que habría contraído la enfermedad de un jugador por correspondencia húngaro, quien en una carta que contenía su siguiente jugada habría incluido otra jugada, realizada por la misma muerte -el húngaro murió de tuberculosis poco después-.

Heuer cree que Villemson fue el primer 'ídolo' de Keres, pues este compensaba su relativa falta de fuerza ajedrecística con un idealismo envidiable; su búsqueda de 'jugadas dudosas' recuerda mucho a las partidas por correspondencia del mismo Paul. Keres también pudo superar la falta de oponentes locales en gran parte gracias a la pasión de Villemson por el ajedrez por correspondencia, además del gran apoyo moral que le daba. No es extraño, por lo tanto, que Keres se haya atrincherado tanto en el mundo del ajedrez postal.

La participación en torneos por correspondencia se convirtió en una de sus obsesiones, y la cantidad de partidas que enfrentaba creció rápidamente hasta superar las 150 partidas simultáneas a mediados de los 30 -una cantidad que incluso los actuales jugadores digitales (o "empujabotones" como los llama Nigel Short) definirían como desafiante-. Sin embargo, durante su actividad en la escena postal, se evidenció un tema repetitivo en las partidas del joven Keres.

Boris Gelfand visita a Paul Keres en Tallinn durante el Memorial Paul Keres de este año | foto: Vladimir Barsky, Federación Rusa de Ajedrez

'Aperturas torcidas'

El enfoque de Keres en el ajedrez por correspondencia tuvo un gran impacto en sus aperturas. Luego explicaría:

Yo usaba las partidas por correspondencia, sobre todo, con fines experimentales, optando con frecuencia por variantes muy arriesgadas en la apertura y buscando, a toda costa, crear posiciones complicadas que me ayudarían a entrenar mis habilidades tácticas... Es fácil notar una clara parcialidad hacia la táctica en estas partidas; al mismo tiempo, se observa que todavía existen considerables dificultades para resolver problemas estrictamente técnicos.

Mientras su hermano creía que las aperturas 'torcidas' (kõverad en estonio) eran la única chance que tenía Paul de competir con jugadores más fuertes, yo me uno a la creencia de Heuer, quien postula que sería errado decir que la insistencia de Paul en jugar estas aperturas estaba basada en una falta de conocimiento de las líneas teóricas modernas. Por el contrario, él estaba muy versado en muchas variantes, pues, a pesar de su temprana falta de acceso a literatura ajedrecística, sus logros en la escena local le habían abierto puertas a un material más actualizado. En una carta a Laurentius, Paul explicó su insistencia en jugar aperturas dudosas como un tema de principios:

Yo no me asusto de las variantes de los libros por falta de conocimiento. Yo creo que representa una inmensa pérdida para una partida que la parte más valiosa de esta sea jugada de forma mecánica siguiendo algún libro, sin ninguna actividad cerebral. Mi tarea es encontrar constantemente caminos nuevos, previamente intransitados, en la apertura. Con ese fin, siempre estoy dispuesto a sacrificar uno o dos peones para alcanzar un magnífico juego de piezas.

Mientras esta postura -la de buscar jugadas brillantes por encima de las mejores- es común en la mayoría de ajedrecistas jóvenes, esto normalmente se deja atrás con la edad. Muchos se dan cuenta de la inferioridad de este tipo de juego después de ser vencidos en numerosas y vanas búsquedas de brillantez. Sin embargo, dado que la principal forma de juego de Paul era el ajedrez por correspondencia, con frecuencia contra jugadores significativamente más débiles que él, no pudo ser testigo de la inevitable derrota de lo brillante ante la solidez pragmática. Las victorias que Paul consiguió solo reforzaron su fe en este tipo de juego, y en ocasiones alcanzó proporciones ridículas en sus aperturas. Un ejemplo es el Gambito Pärnu (también conocido como el Gambito Keres-Mason), caracterizado por las jugadas 1. e4 e5 2. f4 exf4 3. Cc3 Dh4+ 4. Re2?!


Esto metió en problemas incluso al gran Keres. Por ejemplo, en Keres 0-1 Menke.

Pueden reproducir todas las partidas mencionadas en este artículo, con análisis de computadoras, dando un clic sobre cualquier resultado:

A pesar de esta partida -a veces descrita como la derrota más humillante que Keres sufrió en su carrera-, esta apertura fue el tema de su primer artículo de teoría, que apareció en la publicación belga 'El mundo del ajedrez' en 1933 (julio-agosto). Aunque la variante no da una buena impresión, Keres le dedicó cinco largas páginas, en las que afirma que las blancas están mejor en todas las líneas.

Dejando de lado esta debacle, existen ejemplos notables de su enfoque estílistico en el ajedrez por correspondencia:

Debido a estas partidas, se realizaron comparaciones con otro Paul del siglo 19... Hablando en serio, sin embargo, hay que reconocer que la teoría de aperturas no estaba muy desarrollada en esa época; mientras algunos principios generales ya se habían asentado, el mundo del ajedrez estaba completamente sorprendido con nuevos enfoques en la apertura -por ejemplo, la propuesta 'neoromántica' de Reti, 1.Cf3, a comienzos de la década de 1920-. Las aperturas insólitas del joven Keres ilustran sus instintos creativos y su deseo de navegar en aguas completamente inexploradas en la época, lo que eventualmente derivaría en nuevos descubrimientos. La continua búsqueda de variantes nuevas desarrolló su espíritu creativo y llevó a Keres a popularizar ideas en la apertura que ahora son completamente aceptadas. Para conseguirlo, él primero tuvo que dejar volar su imaginación, explorando los límites de lo posible, pero para evitar el camino sin salida de la creatividad, tuvo que encontrar la forma de poner sus pies en la tierra.

Poniendo los pies en la tierra

Su dedicación al ajedrez por correspondencia pronto le permitió desarrollar habilidades considerables, pero la primera mención de Keres en un diario se dio en 1929, cuando se reportó que Paul había ganado un torneo de blitz con 8/8 a sus 13 años. Al mismo tiempo, él fue invitado a ser parte del equipo regional de Pärnu y comenzó a participar en matches. Keres alcanzó una prominencia real en los medios, sin embargo, gracias a Vladas Mikenas, uno de los más fuertes ajedrecistas estonios de la época, quien comentó:

Estaba visitando Pärnu, donde di una exhibición de simultáneas. Mientras caminaba por los tableros, cada vez atrapaba más mi atención un niño de pelo negro que jugaba de forma muy creativa para su edad. Con frecuencia, debía detenerme en su tablero para reflexionar profundamente, pero no había nada que hacer: después de cada jugada mi posición se deterioraba y pronto me encontré felicitando al niño mientras él recibía una ovación de pie de parte del público. Después de la exhibición, el niño me ofreció jugar un par de partidas casuales. No pude rehusarlas, pues el niño me caía muy bien.

Keres no solo ganó su propia partida, sino que también ayudó a su amigo Jüri Rebane, que estaba sentado a su lado, a vencer a Mikenas. El fuerte ajedrecista quedó comprensiblemente impresionado y declaró:

Me fui de Pärnu con la clara convicción de que había un nuevo talento en el horizonte.

Keres no tardó mucho en conquistar la escena del ajedrez estonio. Sus principales rivales comenzaron a caer uno por uno, hasta que solo unos pocos quedaron en pie. El más fuerte de sus oponentes era un jugador de origen báltico-alemán, Paul Felix Schmidt. Era un ajedrecista con experiencia, pero no muy querido por los locales, debido al antagonismo histórico todavía fresco entre los nobles alemanes que trabajaban con mano de obra estonia.

Durante su primer encuentro en un torneo en 1933, los medios estaban enfocados únicamente en el misterioso joven de 17 años de Pärnu, quien "no conocía a sus oponentes pero planeaba sorprenderlos con aperturas torcidas". Keres consiguió superar a la mayoría de sus oponentes, pero optó por una línea arriesgada en su partida con Schmidt, erró, y no pudo recuperarse. A pesar de esta derrota, mantuvo una ventaja de medio punto antes de la última ronda. Un empate era suficiente para ganar el torneo, "pero Keres y jugar por un empate ¡son cosas radicalmente diferentes!" (Laurentius)

En cambio, Veldemann observó que, a pesar de que Keres había conseguido confundir a sus otros oponentes, su rival de la última ronda, Kappe, no se dejaba manipular con facilidad (Keres jugó 1.d4 e5?!) y consiguió una posición ganadora en unas doce jugadas. En la jugada 16, esta era la posición en el tablero:


Keres continuó luchando por 18 jugadas, aunque podría haber abandonado mucho antes -era absurdo jugar contra una ventaja así-. También se reportó que Keres estaba muy relajado y conversador durante la partida. Esta actitud le costó el torneo, y Schmidt se quedó con el título.

Una oportunidad para aprender de sus errores se presentó en 1934, cuando participó en el Campeonato Estonio. Con una ronda por jugar, estaba compartiendo el liderato con Friedmann (Schmidt no participó y Mikenas había migrado a Lituana en 1931), quien justamente era su rival en la última partida. El encuentro terminó igualado, lo que forzó un desempate, en el que Paul se recuperó de una derrota y jugó con negras en la partida decisiva del campeonato:

Cuando algunos de sus colegas consolaron a Friedmann y le aseguraron que ganaría el año siguiente, él respondió con un rápido '¡Ya no sucederá!'

Friedmann quedó derrotado, por lo que la rivalidad con Schmidt se convirtió en el último obstáculo de Keres en su camino hacia el dominio doméstico.

La Olimpiada de Ajedrez de Varsovia

El equipo de EEUU ganó la Olimpiada de 1935 en Varsovia | foto: Wikipedia

Antes de la llegada de Keres, la participación de Estonia en las Olimpiadas siempre había seguido un patrón familiar. En 1931, por ejemplo, se registró una delegación para la Olimpiada de Praga, pero esta nunca llegó a la sede de juego debido a que la federación no consiguió el dinero para el evento. En 1933, el equipo estonio se volvió a registrar, y pronto aparecieron señales de alerta: solo se enviaría un equipo si se presentaban cuatro voluntarios que corran con sus propios gastos. No se formó ningún equipo bajo estas condiciones y la participación en la Olimpiada siguió siendo un sueño.

Sin embargo, el triunfo de Keres revivió el sueño olímpicio, pues su éxito atrajo patrocinadores; en 1935, el equipo estonio estaba rumbo a Polonia. La delegación (Keres, Friedmann, Raud, Laurentius, Kibberman) nunca había jugado en el extranjero y estaban lanzándose a lo desconocido. Y ellos eran también desconocidos, excepto para los entusiastas jugadores por correspondencia, que comenzaron a buscar a Keres desde el mismo momento que los estonios entraron a la sala de juego.

Es difícil imaginar un comienzo más desafiante en una carrera internacional. Tras vencer a Reilly (Irlanda) en solo 21 jugadas, el joven se encontró frente al mismísimo Alekhine -en su segunda partida fuera de su país ¡fue emparejado contra el reinante campeón mundial!-. No sorprende, por tanto, que el miedo se haya adueñado de él. Aunque Keres mantuvo la igualdad en la apertura, luego perdió dos piezas menores por una torre, y pronto tuvo que abandonar.


Keres comentó:

Contra Alekhine, mi derrota nació completamente del miedo. Esta partida demostró que todavía no había alcanzado la madurez necesaria, la técnica adecuada ni la experiencia en torneos.

Keres fue muy crítico respecto a su juego en la Olimpiada, pero otros expresaron su sorpresa y lo llenaron de halagos. Reuben Fine:

En el torneo por equipos de Varsovia en 1935, el descubrimiento más sorprendente fue el de un estonio de 19 años tambaleante y tímido. Algunos ni siquiera habían escuchado el nombre de su país antes, nadie conocía a Keres, pero apreciar su juego en el primer tablero era una maravilla. No fue solo porque se desempeñó a la altura en sus primeros encuentros serios contra los mejores del mundo; otros lo habían hecho antes. Fue su originalidad, su audacia y su brillantez lo que sorprendió y deslumbró al mundo del ajedrez.

A pesar de sus derrotas contra Alekhine y Tartakower, ganó mucho reconocimiento por sus numerosas partidas memorables, como esta contra Grünfeld, y especialmente la icónica partida contra Winter.


La jugada de Keres, 13.Cxf7!!, gana en todas las líneas. Puedes comprobarlo en nuestra plataforma.

Keres terminó la Olimpiada con 12.5/19 (+10 =5 -4) y en el quinto puesto individual en el primer tablero. Estonia quedó en el onceavo puesto de veinte. El misterioso joven, que apareció de la nada, recibió elogios de muchas otras fuentes, entre las cuales podemos incluir al mismo Alekhine. Los elogios no solo fueron verbales, sino que también se materializaron en invitaciones a torneos, como el prestigioso torneo navideño de Hastings (desafortunadamente, se enfermó y no pudo participar). La Olimpiada fue un gran estímulo para Keres:

Lo más importante que descubrí en la Olimpiada fue que jugar al mismo nivel que la élite mundial era un objetivo completamente realista. Solo me hacía falta ganar más experiencia y hacer un esfuerzo real por desarrollar mi juego, especialmente en términos de técnica.


El final de la rivalidad doméstica

Después de la Olimpiada, Keres comprensiblemente intensificó su actividad ajedrecísica. Además de los cientos de enfrentamientos por correspondencia y de su participación en numerosos torneos de esta disciplina, también produjo problemas, realizó publicaciones y revivió su rivalidad con Schmidt. Este último lo desafió a un match después de haber dominado el Campeonato Estonio con una ventaja de 1.5 puntos sobre el resto de los participantes.

Anna Kantane y Padmini Rout en el Memorial Keres de este año | foto: Marek Kolk, maleliit.ee

Schmidt no había aceptado todavía que Keres era superior y, en realidad, ¿por qué lo haría? Después de todo, las dos veces que se enfrentaron a Keres le fue mal. Schmidt, además, estaba motivado por la posibilidad de jugar en el primer tablero en la siguiente Olimpiada de Munich, y, por lo tanto, hizo las gestiones necesarias para que el match se adelante de mayo a junio. ¿Y la motivación de Keres?

Previo al match, Keres fácilmente ganó un torneo de entrenamiento en Tallinn con una puntuación de 9/10, y lo consiguió sin tomarse las cosas muy en serio. Laurentius comentó:

En su partida contra Pruun, Keres gastó la mitad de su tiempo jugando bridge, después de lo cual ¡tuvo que realizar 12 jugadas en 4 minutos! ¡Tanto descuido! En lo que se refería al match que se venía, esto preocupó mucho a sus patrióticos seguidores.

Se presentó un claro contraste entre los estilos de ambos jugadores:

¿Podrá el estilo novedoso, imaginativo y ambicioso de Keres crear suficientes dificultades a Schmidt, o será el joven detenido desde el principio y castigado por cada movimiento descuidado? ¿O Keres resultará ser sorprendentemente pragmático?

Todo estaba listo. Keres recordó posteriormente:

Este match terminó siendo muy cerrado y fue educativo para mí de muchas maneras. Después de una victoria relativamente sencilla en la primera partida, pude ganar una pieza en la segunda con una táctica fácil, pero, pensando que la partida estaba decidida, comencé a tomarme las cosas con calma...

"En ese momento creció la ambición de Keres, pues en vez de ganar una pieza ¡se quedó con una dama!" (Heuer).


Schmidt jugó 16...Axc1!!

Keres lo resumió así:

Schmidt… sacrificó su dama para obtener una partida más aguda y, tras varias imprecisiones de mi parte, pudo ganar la partida.


Esta es la posición final de la destacada partida.

Tras un empate en la tercera partida, Keres eligió una apertura débil en la cuarta y su juego sospechoso en la quinta partida le propiciaron dos derrotas consecutivas. Con dos partidas por jugar y el score en 1.5-3.5, el match a 7 partidas parecía estar decidido. El organizador del match estaba particularmente decepcionado:

Pareciera que Keres está terminado. Sus partidas son inertes tácticamente, pero esto no sorprende si tomamos en cuenta sus caminatas fuera del tablero. Además, me parece que el exhaustivo trabajo finalmente le está afectando. Jugar más de 100 partidas por correspondencia simultáneas es simplemente demasiado. La presencia de Villard también es molestosa, pues constantemente invita a Keres a jugar bridge. Esto no es bueno. Keres necesita aire fresco y caminatas, no jugar al bridge. Ya no creo en Keres. Puedo ver que está cansado. Cuando hablé con Keres y le mencioné que para retener su título tiene que ganar sus dos partidas restantes, me respondió: "Eso no es difícil. De hecho, es muy fácil".

La frívola confianza en sí mismo era típica del joven Keres, y podría haberse convertido en la razón de su caída, pero no en esta ocasión. Schmidt rememora:

Con el score en 3.5-1.5, solo necesitaba medio punto para ganar. Desafortunadamente, caí enfermo y no pude aguantar las cinco horas de juego... De cualquier manera, pude jugar bien en la sexta partida…


…hasta que regalé una pieza en la jugada 37.

37...f5?? es respondida por 38.Cxc4 y, en una posición igualada, el lapso momentáneo de concentración que sufrió Schmidt resultó en una desmoralizante derrota.

En la séptima partida Schmidt ya no presentó oposición al juego de Keres. Con el score igualado, Keres mantuvo su título.

En retrospectiva -es decir, dado el éxito que consiguió Keres posteriormente-, parece natural asumir que esta sería la última vez que su título nacional podría haber sido amenazado. Sin embargo, después de un match tan desequilibrado, esta parece una asunción errada. ¿Hasta qué punto fue el triunfo un resultado de la brillantez de Keres y hasta qué punto tuvo que ver con el desafortunado error cometido por Schmidt en la séptima partida? Schmidt había llegado a una posición satisfactoria en esa partida -una posición igualada que solo él podía ganar-. Schmidt:

No quiero disminuir el logro de mi oponente, pues el ajedrez requiere precisamente de una resistencia así; sin embargo, siento que debo mencionar esto (su enfermedad) para explicar por qué jugué tan mal en las últimas etapas del match.

Keres obtuvo la victoria gracias a una combinación de resistencia y circunstancias favorables, a pesar de lo descuidado de su juego a lo largo del match. Se puede, en gran medida, decir que tuvo suerte -eso, si uno cree que existe la suerte en el ajedrez-. De cualquier manera, él todavía no estaba consciente de que su carrera estaría plagada de precisamente lo contrario: eventos jugados en circunstancias desfavorables en los que la suerte no lo acompañaría. Su falta de cuidado se explica fácilmente por la ausencia de presión externa y la frivolidad de la juventud. Él seguía, sobre todo, jugando para sí mismo y estaba estimulado por la alegría juvenil que extraía del juego. Sus primeros años de ajedrecista ayudan a explicar por qué tenía tan poca experiencia cuando en el futuro le tocó jugar en condiciones hostiles, con el enorme estrés mental añadido por circunstancias externas al tablero.


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