General 14/08/2015 | 02:32por chess24 staff

El ajedrez como arte: recordando a Marcel Duchamp

El pasado 28 de julio, en conmemoración al cumpleaños de Marcel Duchamp, la Galería de Arte E6 de San Francisco realizó un homenaje al artista y ajedrecista francés. La exposición rememoró la famosa fotografía de Duchamp jugando al ajedrez contra una mujer desnuda con una representación “en carne y hueso” de la misma. Utilizamos esta oportunidad para recordar a uno de los más grandes promotores del ajedrez del siglo XX.

Duchamp, como artista, exaltó el valor de lo coyuntural, lo fugaz y lo contemporáneo | foto: Bowdoin College Museum of Art

No solo los campeones del mundo y los grandes estudiosos de la teoría merecen ser recordados como figuras memorables del ajedrez. Hay algunos que llegaron de otros terrenos y dejaron su marca con tanta o mayor fuerza. Es el caso del francés Marcel Duchamp, uno de los más influyentes artistas de vanguardia del siglo XX, que entregó gran parte de su vida al estudio y a la apreciación de nuestro juego predilecto.

Como artista, abominó la sedimentación simbólica en las obras artísticas como consecuencia del paso del tiempo. Duchamp es uno de los principales valedores de la creación artística como resultado de un puro ejercicio de la voluntad, sin necesidad estricta de formación, preparación o talento.

Su afecto hacia el ajedrez

Una cita del francés demuestra su apreciación del juego milenario, el cual le hizo dejar de pintar cuando su carrera se encontraba en uno de sus puntos más altos:

Hoy me conformo con jugar. Todavía soy una víctima del ajedrez. Tiene toda la belleza del arte y mucho más. No puede ser comercializado. El ajedrez es más puro que el arte en su posición social. Las piezas de ajedrez son los bloques del alfabeto que moldean los pensamientos; aunque formen un diseño visual en el tablero, expresan abstractamente su belleza como un poema… He llegado a la conclusión personal que, si bien no todos los artistas son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez son artistas

Su fanatismo era tal que terminó siendo uno de los factores que culminó su matrimonio con la adinerada Lydie Sarrazin-Levassor. Como en muchas otras veladas, Duchamp se quedó hasta altas horas estudiando diferentes posiciones que le parecían interesantes. Al despertar, y luego de haber pensado en algún problema durante la noche, se propuso confirmar la solución frente a su tablero y se sorprendió al darse cuenta de que las fichas estaban pegadas a la mesa. Poco tiempo después, Duchamp le dijo a su mujer que iría a jugar una partida contra Man Ray y que no volvería. Meses después se concretó el divorcio.

Sus trabajos artísticos relacionados con el ajedrez

Un extenso artículo en Libro de Notas, ya convertido en libro,  nos muestra cómo algunos de sus trabajos artísticos tomaron como inspiración al ajedrez. Uno de los más llamativos es el Trebuchet, que utiliza el nombre de la conocida posición de ajedrez “trébucher” (el tropiezo). El “trébucher” consiste en una posición de final de peones muy particular donde se produce un zugzwang recíproco. Duchamp representó este concepto con un tablón de madera con ganchos metálicos que atornilló al suelo. Este ready made forma parte de su obra vanguardista, muy polémica en esa época.

A la izquierda el ready made “Trebuchet”. A la derecha, posición de ajedrez conocida como “trébucher” (tropiezo) | imagen: librodenotas.com

Otros de sus aportes al ajedrez fue la creación de un set de piezas llamado “Buenos Aires”, el cual fue diseñado durante su estadía en esta ciudad el año 1918. El fugaz paso del francés por la capital argentina dejó una marca muy fuerte, pues allí todavía existen torneos y clubes que llevan su nombre. 

Jugador semi-profesional

Y no era un jugador cualquiera. Su permanente fascinación hizo que, a pesar de comenzar algo tarde, alcanzara un nivel más que respetable para la época. Compitió en el Campeonato Francés de 1925, donde se cree alcanzó un 50% de puntos. Además, representó a su país en la Olimpiada de 1933, llegando así a ser compañero de equipo del mismísimo Alexander Alekhine, que en ese entonces residía en Francia.

Duchamp jugando contra John Cage en un tablero conectado a receptores que representaron los movimientos como notas musicales


Eventualmente, Duchamp se alejó del deporte de competición, haciendo del ajedrez una actividad más íntima y contemplativa. El medio ideal para disfrutar de este enfoque fue el ajedrez por correspondencia. Su amigo Jules Roché lo recuerda «con la pipa, hundido en su sillón, enfrascado en cuatro partidas de ajedrez por correspondencia, resolviendo sus movimientos en cuatro grandes tableros de ajedrez verticales fijados a las paredes».


Un gran artista, que nos recuerda que el ajedrez no es solo una evaluación numérica que nos devuelve la máquina, sino un mundo infinito de posibilidades, donde hay campo para la belleza, la creatividad y la imaginación.

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