Normalizando la diversidad

Normalizando la diversidad

Por Paco González

A veces va gente a casa, lo primero que llama la atención es la estantería de trofeos que preside el salón, y preguntan:

-¿Esos trofeos son de fútbol?

- No, de ajedrez, responde mi madre.

- ¿De su hijo?

- Si, de mi hijo.

- Pero... ¿De este hijo?

- Si, de este hijo, responde mi madre.

Queda mucho por hacer tanto en ajedrez como en diversidad funcional, que no deja de ser la etiqueta que menos daño hace, comparada con subnormal, inválido, minusválido… y otras etiquetas tan gratuitas como inútiles, pues todos somos discapacitados, todos tenemos talento para algo, pero también dificultades.

Mi primer contacto con el ajedrez tuvo lugar en Madrid, yo intentaba caminar en interminables sesiones de rehabilitación, mientras las madres nos esperaban y mataban el tiempo intercambiando recetas de cocina, tejiendo, o simplemente comentando los progresos de sus hijos.

Una amiga de mi madre me regaló un ajedrez, ignoraba todo sobre aquel misterioso juego, arte, deporte, ciencia. Así que inventé la colocación de las piezas, así como sus movimientos, sólo sabía que mi imaginación se agitaba ante aquel mágico regalo.

Más tarde, tras superar una grave operación, la sorpresa fue que había un club de ajedrez en el pueblo, cerca de casa, cada tarde mis pasos me conducían hasta la puerta de aquel club, y allí esperaba que pasara algún niño, pues yo era demasiado tímido para entrar solo.

Con el tiempo, dada la cercanía de mi casa y el club, me dejaron la llave, y cada día alguien se pasaba por casa para recoger la llave e irnos a jugar partidas rápidas, todas las tardes, todos los días.

Así progresé rápidamente, todos los libros me parecían imprescindibles, mi primer pedido fue de ¡25 libros! Primer tablero del club, campeón local, campeón de torneos zonales, pero…

Aquel club desapareció, de la noche a la mañana, y busqué otros equipos, tuve la suerte de jugar en el Club de Ajedrez Linares, (C.A.L.) el equipo de D. Luis Rentero, lógicamente, nuestros encuentros se disputaban en el mítico hotel Aníbal.

Tras un tiempo, decidí retomar mis estudios, sólo tenía lo que en España se denomina, Educación General Básica, (E.G.B.) ya que mi madre no se atrevió a dejarme seguir los estudios porque era necesario viajar a la ciudad, y ella temía que alguien me empujara al subir al autobús, al cruzar la calle…

Jamás la culpé, pues yo estaba enamorado del ajedrez, sin embargo, tras la ya mencionada desaparición del club, y un periodo compartiendo equipo con D. Luis Rentero, decidí volver a estudiar. ¡Habían pasado quince años! Pocos, excepto mis padres y hermana, me creían capaz de volver a la disciplina del estudio, en una ciudad desconocida. Seguramente me hubiera costado muchísimo más, si el ajedrez no hubiera mantenido mi mente en forma durante esos quince años. Mi decisión era firme, quería ser psicólogo, para ayudar a otras personas con diversidad funcional, ¡Quien mejor que yo para comprenderlos y ayudarlos!

Una vez acabada la licenciatura, el máster, e innumerables cursos, casi todos dirigidos a especializarme en diversidad funcional, y ante la imposibilidad de conseguir trabajo, obtuve el título de Monitor Superior Autonómico por la Federación Andaluza de Ajedrez (FADA)

Después volví a fundar el Club de Ajedrez de Sabiote, que así se llama el maravilloso pueblo en el que vivo, también conseguí la escuela municipal de ajedrez, en la que imparto clases, y justo ahora, que me encuentro muy triste porque mis padres, debido a la edad, han perdido movilidad y ya no pueden ayudarme a desplazarme a la escuela, e ignoro si el ayuntamiento podrá darme un local mucho más accesible y cercano a casa, surge la posibilidad de colaborar con la gran familia de Chess24.

En la escuela no sólo se enseña ajedrez, como demuestra el siguiente dialogo entre un niño, alumno mío, y otro niño, que no lo es:

-        ¿Qué le pasa?

-        ¡Nada!

-        ¿Y por qué anda así?

-        ¡Pues porque anda así, cada uno anda como puede!

Normalizar la diversidad, en mi opinión, no tiene precio.

Me han pedido que sea breve, pero no puedo dejar pasar la oportunidad de dirigirme con especial cariño a las personas con diversidad funcional.

Sin duda vuestras vidas están jalonadas de momentos críticos, en los que incluso con buena intención y con excelente formación, os dirán: “Eso no lo puedes hacer” además esa frase es muy tentadora, pues nos permite permanecer en nuestra zona de confort, pero, puede marcar la diferencia entre vivir o, simplemente, sobrevivir.

Mi mensaje es: ¡Haced todo lo que podáis hacer, conscientes de vuestras limitaciones, pero también de vuestras posibilidades, sólo tenéis una vida, no dejéis que nadie la viva por vosotros, sed la mejor versión de vosotros mismos!

¡¡¡Vamos!!!

Francisco González García.

Afectado de Parálisis cerebral. (Grado de minusvalía: 72%)
Licenciado en Psicología.
Máster en Dependencia e Igualdad en la Autonomía Personal. 
III Pregonero Nazareno. (Sabiote)
Autor del libro de poesía "Mírame", 2005. 
Premio “Reino de Jaén, La Loma y las Villas”, 2016. 
Monitor Superior Autonómico FADA. 
Presidente del Club de Ajedrez Sabiote.

NOTA: Todas y cada una de estos logros, estuvieron precedidos de la famosa frase: ¡Eso no lo puedes hacer!. Además de otros muchos, como estudiar en un colegio de niños normales.





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